
Otra vez el mismo sueño, la misma sensación del ser, y que ser cuando ser ya no nos alcanza? Que buscar cuando al vida no da opciones que recorrer cuando no hay caminos sino vicisitudes dirigiéndose hasta el fin de los tiempos. Como hombre nunca pude aspirar a estas verdades ocultas, pero cada uno es mucho más cuando rompemos la barrera de la humanidad.
Otra vez el mismo sueño, la batalla en su punto medio, donde los soldados y guerreros se enfrentaban por las tierras que deseaban conquistar.
Dirigir a mi ejército a la victoria, ese siempre fue mi objetivo, mi meta máxima, el obtener el poder para vencer a todos los que se me oponían y hacer que se sublevasen ante mi. Pero ya no era así, ahora tenía otro objetivo en este campo de batalla, mas alto que el vencer, mas profundo que la aspiración al poder. Mas grande de todos, deseo inocuo, no conocido como tal.
Uno a uno y a la vez de a muchos, derribaba a mis oponentes, rasgándolos, dando incontables estocadas en sus piernas, brazos y en sus corazones. Las luciérnagas insistían en atacar, los fanáticos de la Luz nunca entendían razones, solo gustan llamarte monstruo, aun cuando ellos han clavado en estacas, las cabezas de mis hermanos demonios, en señal de advertencia. Hipócritas que dicen querer unir los reinos al suyo, una bella forma de hablar de la conquista, así como al matarnos, hablaban de purificación. La verdad es que no éramos tan distintos y aun al final nosotros no éramos tan hipócritas…ni tu tampoco…
Pero en este campo de batalla nada de eso me importaba, solo tenía un objetivo, encontrarte, derribar uno tras otro de los miembros de tu legión, intentando encontrar tu mano en medio de todo el caos. No me era difícil derrotarlos, siempre tenían los mismos movimientos variados, pero predecibles, movimientos que mi maestro, El Brujo Maestro, me había enseñado a evitar y como destruir sus defensas, dándoles muerte si así lo deseaba. Pero no buscaba eso, sino a vos tras cada enemigo que caia.
Un guerrero blanco arremetió contra mí al grito de: “Es el príncipe! Matemos al hijo de la Oscuridad y llevemos su cabeza con gloria ante el Rey” Estúpido, parecía que nunca había visto el poder de la realeza, ni siquiera en su reino, disfrutaba despachar a esos insensatos y arrogantes que debían arrodillarse en lugar de atacar. Sin embargo ya me había hartado de este juego, me estaba desesperando la sola idea de no encontrarte. Sabía que eras capaz de defenderte por ti sola, no era del todo necesaria esa exagerada escolta de guardianes que te imponían, pero me preocupé de todos modos, temía que fueras lastimada por cualquiera de los dos lados en un choque de fuerzas, parecías tan frágil a mis ojos, entre mis garras. De hecho no deberías estar allí siquiera, deberías estar en tu palacio, en la torre, allí donde todos creían que debías estar, donde debías permanecer, donde mas odiaba que estuvieras, encerrada…y segura…encerrada. Pero eras una rebelde, igual que yo, lo supimos desde que fuiste…“huésped” en mi habitación, lo supimos desde que nos habíamos atrevido a hacer esto, sin reparar más que en lo que sentíamos…la única de la Legión a quien podía respetar a sobremanera, mi amada Princesa.
Fui rodeado por un grupo de guerreros y sus respectivos hechiceros, una guardia elite que se había entrenado específicamente para asesinarnos, asesinar a mi padre, a mi hermano, a mi…y no dude en desarmarlos así fuese en partes, con mi espada y cualquier elemento que pudiera servirme de arma. Al desenterrar mi espada del costado del último soldado, choque mi espalda con alguien y sin hesitar gire para derribar a mi enemigo de un golpe. Nuestras espadas se cruzaron, reconociéndola de inmediato, reconociéndote, mi querida Selene. Uno de tus soldados se acerco por detrás y lo derribaste de una patada, cayendo inconsciente y entonces uno de mis soldados trato de herirte y de un puñetazo destruí su casco haciéndole perder el conocimiento en el acto.
Aquel choque nuestro fue tan suave, tan ligero, como cada beso que depositaba al caer sobre tus labios, que no dudamos en repetirlo, haciendo una perfecta actuación, que podría haber sido una danza eterna, creando un circulo ritual a nuestro alrededor, con cada caricia de nuestras espadas, separándonos de los guerreros, de los cuerpos, de la sangre …
Cruzábamos espadas una y otra vez, podia ver que hacias uso de los movimientos que te enseñe, cuan aguerrida eras. Pero estaba cansado, cansado de aparentar que tras cada mandoble iba a matarte cuando en realidad deseaba envolverte en mis brazos. Podía atisbar en tus ojos, a través de tu caso, la misma sensació. Un nuevo choque se produjo y con él nuestros respectivos enemigos nos rodearon, pretendiendo darnos fin, pero nosotros estábamos acostumbrados a luchar en equipo, como pareja, como uno solo.
Entrelazamos nuestras manos y dando vueltas, mezclando nuestros ataques y nuestros objetivos, imposibilitamos a todos y cada uno de ellos, dejándolos inmóviles, inconscientes.
Exhausto y cansado, deje ir mi último suspiro de batalla, había perdido todo mi raciocinio, solo había algo en mi interior y me había rendido a ello, rendido todo a ello. Gire sobre mí mismo y ya podía sentirlas, tus manos sobre mi casco y las mías sobre el tuyo. Con deseo y pasión desenfrenada, arrojé ese fragmento de armadura lejos para poder ver la belleza de tu rostro. Te sujete fuertemente por la cintura y aun con la delicadeza que merecía tu ser, te aferraste al cuello de mis ropas y nos unimos en un profundo beso que duraría aun mas que nuestra danza, un beso que nos separo del resto del mundo, que derretía las sombras y las luces a nuestro alrededor, que nos dejaba en el ocaso, allí donde pertenecíamos.
Ya no me importaba nada, todo lo que quería era volver a tenerte recostada sobre mi pecho, acariciando tu cabello mientras te contaba los cuentos que tanto adorabas…en nuestro bosque, nuestro lago, nuestro mundo…
Nos sentíamos libres finalmente, libres de esa prisión que nos había capturado durante el enfrentamiento, libre de esas mascaras, libres como si nadie más allí hubiese, confiados de que la batalla, el humo y nuestro propio circulo nos cubría. Pero nos habían visto, de ambos lados, aquellos que miraban con asco nuestro amor y que con sus viperinas lenguas querrían signar nuestro futuro.
Y aun así nosotros pelearíamos, lejos o cerca, aun en los momentos más crueles y de mayor confusión. El amor no está en el cerebro ni en ningún órgano, lo está en todo, el amor está en la sangre, la sangre nos gritara por dentro, nos arrastrara, nos hará arrodillarnos ante ella y alabarla hasta que nos volvamos sus obedientes subordinados y esa sangre, ese amor, nos llevaría hacia nuestra eternidad a lo largo de todas las vidas…
Pues nunca hubo historia del pasado tan Hermosa y Cruel que la de La Princesa y su Principe…
***
Un escenario de guerra y dolor, nunca fue el más acorde para los dos, y allí estamos otra vez, esto es una guerra, no lo crees? Casi silenciosa...y en algún punto uno caerá y el otro vivirá…el punto, la elección…
La sangre sigue hablando, la sangre sigue cantando esta canción a tu oído, puedes aun oírla, dime que cuento te conté ayer en tus sueños y proseguiré con el siguiente párrafo para que otra vez vuelvas a dormir tranquila…
Miles de palabras susurramos a nuestros oídos y solo dos completaron el significado de todas.
Otra vez el mismo sueño, la batalla en su punto medio, donde los soldados y guerreros se enfrentaban por las tierras que deseaban conquistar.
Dirigir a mi ejército a la victoria, ese siempre fue mi objetivo, mi meta máxima, el obtener el poder para vencer a todos los que se me oponían y hacer que se sublevasen ante mi. Pero ya no era así, ahora tenía otro objetivo en este campo de batalla, mas alto que el vencer, mas profundo que la aspiración al poder. Mas grande de todos, deseo inocuo, no conocido como tal.
Uno a uno y a la vez de a muchos, derribaba a mis oponentes, rasgándolos, dando incontables estocadas en sus piernas, brazos y en sus corazones. Las luciérnagas insistían en atacar, los fanáticos de la Luz nunca entendían razones, solo gustan llamarte monstruo, aun cuando ellos han clavado en estacas, las cabezas de mis hermanos demonios, en señal de advertencia. Hipócritas que dicen querer unir los reinos al suyo, una bella forma de hablar de la conquista, así como al matarnos, hablaban de purificación. La verdad es que no éramos tan distintos y aun al final nosotros no éramos tan hipócritas…ni tu tampoco…
Pero en este campo de batalla nada de eso me importaba, solo tenía un objetivo, encontrarte, derribar uno tras otro de los miembros de tu legión, intentando encontrar tu mano en medio de todo el caos. No me era difícil derrotarlos, siempre tenían los mismos movimientos variados, pero predecibles, movimientos que mi maestro, El Brujo Maestro, me había enseñado a evitar y como destruir sus defensas, dándoles muerte si así lo deseaba. Pero no buscaba eso, sino a vos tras cada enemigo que caia.
Un guerrero blanco arremetió contra mí al grito de: “Es el príncipe! Matemos al hijo de la Oscuridad y llevemos su cabeza con gloria ante el Rey” Estúpido, parecía que nunca había visto el poder de la realeza, ni siquiera en su reino, disfrutaba despachar a esos insensatos y arrogantes que debían arrodillarse en lugar de atacar. Sin embargo ya me había hartado de este juego, me estaba desesperando la sola idea de no encontrarte. Sabía que eras capaz de defenderte por ti sola, no era del todo necesaria esa exagerada escolta de guardianes que te imponían, pero me preocupé de todos modos, temía que fueras lastimada por cualquiera de los dos lados en un choque de fuerzas, parecías tan frágil a mis ojos, entre mis garras. De hecho no deberías estar allí siquiera, deberías estar en tu palacio, en la torre, allí donde todos creían que debías estar, donde debías permanecer, donde mas odiaba que estuvieras, encerrada…y segura…encerrada. Pero eras una rebelde, igual que yo, lo supimos desde que fuiste…“huésped” en mi habitación, lo supimos desde que nos habíamos atrevido a hacer esto, sin reparar más que en lo que sentíamos…la única de la Legión a quien podía respetar a sobremanera, mi amada Princesa.
Fui rodeado por un grupo de guerreros y sus respectivos hechiceros, una guardia elite que se había entrenado específicamente para asesinarnos, asesinar a mi padre, a mi hermano, a mi…y no dude en desarmarlos así fuese en partes, con mi espada y cualquier elemento que pudiera servirme de arma. Al desenterrar mi espada del costado del último soldado, choque mi espalda con alguien y sin hesitar gire para derribar a mi enemigo de un golpe. Nuestras espadas se cruzaron, reconociéndola de inmediato, reconociéndote, mi querida Selene. Uno de tus soldados se acerco por detrás y lo derribaste de una patada, cayendo inconsciente y entonces uno de mis soldados trato de herirte y de un puñetazo destruí su casco haciéndole perder el conocimiento en el acto.
Aquel choque nuestro fue tan suave, tan ligero, como cada beso que depositaba al caer sobre tus labios, que no dudamos en repetirlo, haciendo una perfecta actuación, que podría haber sido una danza eterna, creando un circulo ritual a nuestro alrededor, con cada caricia de nuestras espadas, separándonos de los guerreros, de los cuerpos, de la sangre …
Cruzábamos espadas una y otra vez, podia ver que hacias uso de los movimientos que te enseñe, cuan aguerrida eras. Pero estaba cansado, cansado de aparentar que tras cada mandoble iba a matarte cuando en realidad deseaba envolverte en mis brazos. Podía atisbar en tus ojos, a través de tu caso, la misma sensació. Un nuevo choque se produjo y con él nuestros respectivos enemigos nos rodearon, pretendiendo darnos fin, pero nosotros estábamos acostumbrados a luchar en equipo, como pareja, como uno solo.
Entrelazamos nuestras manos y dando vueltas, mezclando nuestros ataques y nuestros objetivos, imposibilitamos a todos y cada uno de ellos, dejándolos inmóviles, inconscientes.
Exhausto y cansado, deje ir mi último suspiro de batalla, había perdido todo mi raciocinio, solo había algo en mi interior y me había rendido a ello, rendido todo a ello. Gire sobre mí mismo y ya podía sentirlas, tus manos sobre mi casco y las mías sobre el tuyo. Con deseo y pasión desenfrenada, arrojé ese fragmento de armadura lejos para poder ver la belleza de tu rostro. Te sujete fuertemente por la cintura y aun con la delicadeza que merecía tu ser, te aferraste al cuello de mis ropas y nos unimos en un profundo beso que duraría aun mas que nuestra danza, un beso que nos separo del resto del mundo, que derretía las sombras y las luces a nuestro alrededor, que nos dejaba en el ocaso, allí donde pertenecíamos.
Ya no me importaba nada, todo lo que quería era volver a tenerte recostada sobre mi pecho, acariciando tu cabello mientras te contaba los cuentos que tanto adorabas…en nuestro bosque, nuestro lago, nuestro mundo…
Nos sentíamos libres finalmente, libres de esa prisión que nos había capturado durante el enfrentamiento, libre de esas mascaras, libres como si nadie más allí hubiese, confiados de que la batalla, el humo y nuestro propio circulo nos cubría. Pero nos habían visto, de ambos lados, aquellos que miraban con asco nuestro amor y que con sus viperinas lenguas querrían signar nuestro futuro.
Y aun así nosotros pelearíamos, lejos o cerca, aun en los momentos más crueles y de mayor confusión. El amor no está en el cerebro ni en ningún órgano, lo está en todo, el amor está en la sangre, la sangre nos gritara por dentro, nos arrastrara, nos hará arrodillarnos ante ella y alabarla hasta que nos volvamos sus obedientes subordinados y esa sangre, ese amor, nos llevaría hacia nuestra eternidad a lo largo de todas las vidas…
Pues nunca hubo historia del pasado tan Hermosa y Cruel que la de La Princesa y su Principe…
***
Un escenario de guerra y dolor, nunca fue el más acorde para los dos, y allí estamos otra vez, esto es una guerra, no lo crees? Casi silenciosa...y en algún punto uno caerá y el otro vivirá…el punto, la elección…
La sangre sigue hablando, la sangre sigue cantando esta canción a tu oído, puedes aun oírla, dime que cuento te conté ayer en tus sueños y proseguiré con el siguiente párrafo para que otra vez vuelvas a dormir tranquila…
Miles de palabras susurramos a nuestros oídos y solo dos completaron el significado de todas.
*Tiempo al tiempo, recibimos lo que merecemos, es cuestión de paciencia y devoción.*















